Un trágico accidente y una batalla legal: el padre de facto gana el derecho a la indemnización
El Tribunal Supremo ha reconocido el derecho a una indemnización a un hombre que ejerció como padre de un joven fallecido en un trágico accidente de tráfico. El joven perdió la vida tras ser atropellado por un vehículo, un hecho devastador que dejó a su familia sumida en el dolor. Sin embargo, el proceso judicial posterior no solo abordó la tragedia de la pérdida, sino también el reconocimiento del verdadero vínculo afectivo que el fallecido mantenía con quien lo crió como un padre.
El caso enfrentó al padre biológico del joven y al hombre que, en la práctica, había asumido su rol paterno desde hacía más de una década. Mientras el progenitor biológico había desatendido completamente sus responsabilidades desde su separación en 1998, la nueva pareja de la madre del fallecido se hizo cargo de su crianza, cubriendo sus necesidades emocionales, educativas y económicas.
Cuando ocurrió el accidente, ambos hombres reclamaron a la aseguradora la indemnización correspondiente. La Mutua Madrileña consignó judicialmente las cantidades para la madre (70.944 euros) y la hermana del fallecido (28.125 euros), pero la controversia surgió con respecto a los 70.400 euros destinados al padre, ya que había dos demandantes. Ante la disputa, el caso llegó a los tribunales, que determinaron que el padre de facto tenía derecho a recibir la compensación, al haber ejercido realmente el papel de progenitor.
El Tribunal Supremo ratificó esta decisión, subrayando que el vínculo afectivo y la dedicación continuada del padre de facto primaban sobre la mera relación biológica. La sentencia destacó que la ley reconoce como perjudicados no solo a los familiares directos, sino también a quienes han asumido de manera efectiva el papel que otros han abandonado.
Este fallo supone un reconocimiento legal y moral a quienes, sin lazos de sangre, desempeñan un papel fundamental en la vida de sus seres queridos. Y, sobre todo, resalta la importancia de los lazos construidos en el día a día, más allá de la biología, en medio del dolor por la pérdida de un ser querido en un fatal accidente.